Algunos vicios que afectan los resultados
y las relaciones en una organización

Conversamos cada día sin tomar conciencia del impacto que nuestras palabras generan en el espacio relacional que construimos.

En nuestras intervenciones en organizaciones observamos la dificultad que atraviesan algunos líderes y colaboradores para alinear lo que quieren decir con lo que finalmente dicen.

Existe una información oculta en nuestra mente que preferimos no decir para –básicamente- resguardarnos de lo que no queremos que salga a la luz.

Tras una cordialidad que nos deja “bien parados” frente al otro, ocultamos pensamientos, sentimientos y el volumen de nuestra radio interior nos impide escuchar auténticamente qué nos está diciendo nuestro colaborador, nuestro jefe, o nuestros compañeros de equipo.

La comunicación engañosa es el indicador que hay algo que nos importa más que aquello que sale como palabras, como frases lanzadas a un mundo en el que lo que construimos no siempre es lo que en nuestro mundo interior deseamos.

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Este estilo de comunicación destruye la efectividad y aumenta el margen de errores en la consecución de los resultados.

Provoca, indefectiblemente, relaciones disfuncionales en las que el esfuerzo por conectarse con el auténtico ser es inmenso.

La sensación de falta de respeto, de falta de reconocimiento, de sin sentido de nuestro “hacer “va alimentándose- proporcionalmente -con nuestra inhabilidad de desarrollar una comunicación auténtica.

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Si permitimos que esto se transforme en nuestro mundo cotidiano, es bastante probable que nos transformemos en seres con poca estima personal, desmotivados, con relaciones inestables o inauténticas y, en definitiva, en seres desconectados de nuestros valores esenciales como el sentido de la integridad.

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Indicadores

A modo de reflexión, queremos ofrecerles algunos de los indicadores que más frecuentemente evidencian nuestra comunicación engañosa, a saber:

  • La sensación de frustración. ¿Para qué voy a decirle esto a mi jefe/mi colaborador, mi equipo si ya sé que no me van a escuchar, si ya sé que me van a decir que no?
  • Ocultar información: “Si le digo todo lo que necesita, voy a perder protagonismo/ va a llevarse los laureles/ va a tener un mejor bono que yo… etc etc… Posponer los temas que más me cuestan enfrentar.
  • Hablar desde una “pulcritud cosmética” sin ir a lo que de verdad me importa.
  • No expresar efectivamente los pedidos: no pedir por temor, vergüenza, inexperiencia, o no saber definir las condiciones necesarias y temer aclararlas.
  • Esperar que los otros adivinen mis necesidades, sepan qué quiero.
  • Aceptar un pedido sin haber comprendido específicamente de qué se trataba.
  • Comprometerme aun sabiendo que no voy a poder cumplir o que no quiero cumplir.
  • No gerenciar mis emociones ni saber qué hacer frente a las emociones del otro.
  • Trabajar desde la arrogancia, soberbia o desde la lástima.
  • No disfrutar del trabajo.
  • Detectar el aumento del malestar emocional y físico.
  • Enfermarme “justo” cuando había decisiones importantes que tomar.

Más allá de lo que cada uno de nosotros se pueda dar cuenta “hasta aquí”, lo importante es decidir qué queremos hacer con ello.

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Te invito, entonces a que te hagas dos preguntas: 

  • ¿Estoy dispuesto a revisar qué es lo que me impide desactivar este mecanismo de “comunicación engañosa?
  • ¿Quién estaré siendo cuando lo logre?

 

Todo lo que quieras construir, dependerá en gran medida de la responsabilidad incondicional que cada uno de nosotros asuma para que ello ocurra.

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Lic. Claudia Lalloz

2015-12-30T11:42:42+00:00 By |BLOG|
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